Este blog antes se llamaba "Another One" y mi nick era Ene. Tras meditarlo bastante, decidí dejarlo atrás y hacerle un completo lavado de cara.
¡Espero que os guste!

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martes, 1 de septiembre de 2015

"We keep this memories for ourselves".


Una página en blanco y miles de cosas por decir, pero seguía sin encontrar palabras para aquello, para explicar como se sentía. Un mes, hacía un mes que se había ido y le seguía echando tanto de menos como el primer día. Los acordes de Photograph, de Ed Sheeran, sonaban de fondo, como ayuda para que le salieran las palabras. Pero nada, toda primera palabra que se le ocurría parecía poca para lo que tenía que decir. 
"Loving can hurt, loving can hurt sometimes". 
Lo tenía: con la primera frase de la que fue su canción empezaría aquel escrito al cual le dolía no ser capaz de llamarle carta pues no tenía lector, aunque sí tenía destinatario. 
"You won't ever be alone...".
Escuchaba lo que la canción decía y le parecía ayer cuando se la cantó al oído, prometiéndole que nunca se sentiría sola. Soledad. Era gracioso, cada vez que pensaba en ello una sonrisa llena de ironía se asomaba en sus labios. Antes de conocerle, pensó que sería lo único que sentiría toda su vida. Al conocerle, la soledad se fue de su lado, pero últimamente, desde que él no estaba, la sentía más cerca que nunca. 
"We keep this love in a photograph, we keep this memories for ourselves".
Había encontrado las palabras, había empezado a escribir y nada la había detenido hasta tener todos sus pensamientos redactados. Había escrito todo lo que le pasaba por la cabeza y lo había cerrado en un sobre junto a una foto, una foto que tenía más significado que todo lo que pudiera decir.
Ya no se sentía parte del mundo. Su hogar, que era junto a esa persona que tanto le había importado, ya no existía. No le quedaba nada ni nadie que le atara a la realidad, a la sociedad. No tenía fuerzas como para empezar de cero, no otra vez. 
"Wait for me to come home"...
Se dijo para sí misma, cantando la última frase de la canción y escribiéndola en el sobre. Se iba a casa. 
Cerró los ojos y, de repente, el mundo ya no estaba.




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miércoles, 15 de julio de 2015

Sin rumbo fijo.

Hace una semana sabía perfectamente qué hacer con mi vida. Sabía qué quería estudiar, a qué me

quería dedicar con total certeza, y estaba tan segura de ello que no me había planteado la opción de que quizás, las cosas no salieran como yo me esperaba. Estaba tan segura de que entraría a la universidad que a penas me preocupaba el no conseguirlo. Y ese fue mi problema. 
Una semana después, me encuentro sin saber qué hacer, sin saber quién soy ni quién quiero ser. Por tres décimas, se han deshecho todos los planes que llevaba más de dos años haciendo y rehaciendo. Me he dado de bruces contra la realidad, y no sé como afrontarla. Yo, que siempre he tenido la cabeza en las nubes, ahora debo librar una batalla contra mi peor enemiga. Y tiene todas las papeletas, porque hasta ahora ha conseguido desanimarme, desconcentrarme y confundirme. Me encuentro de nuevo en el punto de partida, sin un rumbo fijo, sin las ideas claras y con muy pocos ánimos. Además, por todas partes veo cosas relacionadas con la universidad o con lo que quería estudiar. ¿Ya está bien de torturarme, no crees, querida realidad?

"¿Y ahora qué harás?" me preguntan mis amigos, sorprendidos, por el hecho de que siempre había sido de las que tenía más claro lo que quería hacer. "No lo sé", siempre respondo. Sí, quedan más asignaciones, queda la opción de repetir la selectividad en septiembre e intentar entrar entonces. 
Pero... ¿y si no es eso lo que quiero estudiar? Ahora tengo esa duda, que representa un problema con el que no había convivido antes: la incertidumbre de no estar segura de mi futuro. ¿Y si, al fin y al cabo, esa carrera no es para mí? ¿Y si no me gusta? Me ataca el miedo, el miedo a volver a fallarme a mí misma, de volver a ilusionarme y, en consecuencia, a decepcionarme. ¿Y ahora qué hago?
Está claro que lo que debo hacer es seguir adelante, sí, no me puedo quedar de brazos cruzados, eso es obvio. Pero no sé que camino escoger, no sé hacia donde caminar, no sé si debo volver a hacer la selectividad, no sé si debo volver a intentar entrar a la universidad. Parece que tras la noticia de no haber sido admitida mis ideas se han vuelto pequeñas, minúsculas, hasta el punto de desaparecer de mi mente, de borrarse de ella. Acepto que de todos modos hubiera tenido que empezar de nuevo, con universidad o sin ella. Pero empezar de nuevo sin ella significa empezar encima de un lienzo en blanco, de volver a colocar en orden mis ideas y de volver a decidir, cosa que me asusta. Y como me dejo ser una presa fácil, el miedo se apodera de mí. 

Veo el mundo desde el lado negativo, lo sé, y eso que me considero una persona bastante positiva. Pero cuando una de tus mayores ilusiones fallan, lo que queda son pedazos de un sueño roto que cuestan recoger y reparar. La universidad hubiera sido mi vía de escape y ahora quizás no lo sea. ¿Y me preocupa? Sí, mucho.

Queda esperar al día 23 para la segunda asignación. Si no, empezar otra vez, sin rumbo fijo. 
O quizás sí. 




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